François Coty: el padre de la perfumería moderna. (Parte 1)

¿Cuál es el lazo entre la farmacia y la perfumería, entre el agua de Colonia y L’Origan, entre el perfume considerado como un producto de lujo y el perfume considerado como un producto de gran consumo? La respuesta es Joseph Marie François Spoturno, llamado François Coty. Sin él, el mundo del perfume no sería lo que es hoy en día. Todos los perfumistas se reivindican de él, François Coty es considerado como el padre de la perfumería moderna.


Originario de una antigua familia de Córcega, bisnieto de la prima hermana de Napoleón, Isabelle Bonaparte, su elegante árbol genealógico auguraba su destino histórico. Sin embargo, no es gracias a su familia que tuvo éxito, sino más bien gracias a su ingenio, a su tenacidad y a su talento. Nacido en 1874 en Ajaccio, François Coty pierde a sus padres muy joven. Educado por su bisabuela, y luego por su abuela, viaja primero a Marsella, donde trabaja en el puerto, antes de comenzar estudios de medicina. Un gusto por las ciencias que será determinante más adelante.

El encuentro con otro corso tuvo también repercusiones en su carrera. Hombre político y escritor, Emmanuel Arène se convirtió en su mentor. Lo incita a venir à Paris, donde lo hace trabajar para él. En la capital, François Coty encuentra esposa y amigos, entre ellos un farmaceuta vecino suyo, Raymond Goéry. Es en su farmacia donde se inicia a la perfumería, ya que el farmaceuta crea y vende él mismo algunos perfumes. Fascinado por su material de química, Coty experimenta a su lado la fórmula del agua de Colonia. Una primera prueba con la cual obtiene un buen resultado. Los lazos entre Coty y la perfumería estaban tejidos.

Bajo los consejos clarividentes de éste amigo farmaceuta, François Coty toma la ruta en dirección a Grasse, la ciudad de los perfumes. Intrépido, contacta inmediatamente Antoine Chiris, a la cabeza de una de las más grandes empresas de perfumería, a quien ya ha conocido gracias a Arène. El industrial queda fascinado por éste personaje: grande, delgado, pelirrojo, con el ojo derecho inmóvil, François Coty cultivaba además su aspecto extraño vistiendo trajes y zapatos rojos, signos de su personalidad y de su creatividad extravagantes. Coty ganó inmediatamente la amistad de Chiris, quien lo recomendó a su director general, para que pudiese disponer de todo el material y las materias primas que necesitara. François Coty pasa un año entero en Grasse para iniciarse por completo al arte de la perfumería. Se levanta todas las mañanas a las 5 de la mañana para recoger el jazmín antes del amanecer. Aprende el enflorado o maceración y la destilación. Descubre igualmente los Absolutos: extractos a partir de solventes, que permiten obtener un concentrado del aroma natural de las flores o de las raíces. Guerlain no apreciaba los Absolutos, los encontraba demasiado violentos. Pero Coty los adora. Tiene buen olfato. Regresa a Paris con sus Absolutos y, gracias a su venta, adquiere una tienda que es a la vez laboratorio, taller y salón de perfumería. El inicio de una segunda vida.

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