La historia rocambolesca de Chanel N°5

“Quien presta demasiada atención a su creatividad no tiene memoria”, declaró un día Coco Chanel. La historia rocambolesca de Chanel n°5, ese perfume mítico que ha sido capaz de hacer soñar generaciones de mujeres, es una ilustración. Su creación, tan misteriosa como sus efluvios, fascina. Y Coco Chanel, contrariamente a lo que dejó que se pensara, jugó un rol menor. Aunque es preciso confesar que sin su nombre, ese perfume no se habría transformado jamás en el emblema que es hoy.
Para remontar hasta los orígenes de Chanel n°5, el espíritu debe aventurarse hasta Moscú, en el corazón de la Rusia del siglo 20. Allí reinaba Ernest Beaux, conocido hoy como uno de los más grandes perfumistas del mundo. Siguiendo los pasos de su padre Edouard, francés exilado y miembro de la gran empresa de perfumería Rallet, comenzó como técnico de laboratorio para convertirse luego en un verdadero creador (su agua de Colonia Bouquet de Napoléon marcó los anales en 1912), antes de asumir el rol de director técnico de ésta empresa, proveedor de las cortes imperiales de Rusia, de Montenegro, de Persia…

Pero la revolución bolchevique pasa por ahí. La empresa Rallet, comprada en 1896 por la gran empresa de perfumería de Antoine Chiris, es nacionalizada. En 1917, Ernest Beaux se escapa de Rusia y encuentra refugio, con otros empleados franceses, en el barrio La Bocca, en Cannes, donde se encuentra la sede principal de la sociedad Chiris. Allí, se le atribuye a Ernest Beaux su propio laboratorio, lugar de sus experimentos y donde creó, entre otros, el Chanel n°5. Sólo faltaba conocer a Coco Chanel.

Desde el siglo 19, la Costa Azul era uno de los destinos favoritos para tomar el sol. Todas las élites europeas acudían para disfrutar de su calidez y de sus playas. Al igual que Coco Chanel, quien no se privó de idas y venidas, estableciéndose en Monte Carlo.

Durante el verano 1920, se instala junto a su compañero; el duque Dimitri Pavlovitch, primo del zar Nicolás II y descendiente de los Romanov, de una belleza fatal pero sin dinero. Una mañana, diario en mano, descubre un extraño suceso: el célebre asesino en serie Henri Désiré-Landru, apodado el “Barba Azul de Gambais” ha sido al fin detenido, fue localizado gracias a su olor. Inspirado y visionario, Dimitri Pavlovitch sugiere a Coco Chanel, quien está a su lado, desarrollar un perfume embriagador, capaz de dejar igualmente un rastro imperecedero tras el paso de cada mujer.

Perfumado anteriormente por Ernest Beaux, toma contacto con él. Le sugiere a su compañera solicitar sus servicios para elaborar lo que será el Chanel n°5. Juntos, se reúnen varias veces con el famoso perfumista en su laboratorio. Es allí, entre los aromas suspendidos, que nace el célebre Chanel n°5. A petición de Coco Chanel, Beaux busca, experimenta. Luego, al final del verano, vuelve a ella con una serie de cinco perfumes, simplemente numerados del 1 al 5. Siendo ya muy apegada al número 5, Coco Chanel queda inmediatamente seducida por los efluvios del último de la serie, los cuales le recuerdan los de Quelques Fleurs, creado por Houbigant en 1912, el cual era ya un éxito.

Fascinada, Coco Chanel se lanza totalmente en su creación, siempre apoyada por su amante Dimitri Pavlovitch, quien concibe el frasco que acogerá el precioso líquido. A finales de 1921, lanza finalmente su difusión en privado. Los cien primeros ejemplares son ofrecidos a sus mejores clientes para las fiestas de Navidad.

Un lanzamiento no oficial que da sus frutos. Con la ayuda de la publicidad de boca a boca, el nombre (y el olor) de Chanel n°5 se difunde rápidamente hasta los más remotos rincones de Paris, y luego de otras capitales a la moda, lucido por cada vez más mujeres. Hasta el punto en que, aún hoy en día, su perfume refinado sigue siendo igual de plebiscitado.

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